dawn..cap 11
El domingo por la mañana, Laura se levantó temprano, sus padres estaban durmiendo, así es que pensó en acercarse a la tienda de dulces de Rita.Con la bici, no le costaría mucho tiempo, y regresaría temprano, con un par de Muffins para el desayuno.
A mami, le encantan los de chocolate y arándanos.
Cogió unas pocas monedas, de la caja vacía de galletas, donde las reservaban para ese tipo de cosas y salió hacia el cobertizo.
La bici rodaba de maravilla, el Sr. Major , se la había arreglado estupendamente, si le sobraba dinero, compraría dos más y se las llevaría a su casa, para él y su mujer.
No tuvo que hacer cola, Rita acababa de abrir y era la única clienta de la pastelería.
.- Buenos días Laura. ¿ Que madrugadora eres, no es muy temprano para ser domingo ?
.- Hola Rita, es que no tenía sueño y he pensado llevarles el desayuno a mis papás, es una sorpresa.
.- Ya veo. ¿ Y qué quieres llevarte?. Tengo un bizcocho de zanahoria todavía caliente, y los croisants están a punto. Aunque por la carita que pones, creo que las magdalenas es tu elección. ¿ Cuantos Muffins te pongo?.
.- ¿Cuanto vale uno? - dijo extendiendo su manita con las monedas en la palma.
.- A ver, aquí llevas suficiente para tres. ¿ De que los quieres?
.- ¿Me puedes fiar uno y me llevo cuatro?, en dos bolsas, dos de chocolate y dos de arándanos. Quisiera hacer un regalo.
.- Claro. Ahora mismo, y no te preocupes por el dinero, te regalo ese y otro más para ti. Oye, me dijo Angel, que el otro día os visteis metidos en un buen lío, tú y los chicos del inspector, - le comentó, mientras empaquetaba las magdalenas - fue mi novio, quien rescató del río a la escritora y a tus amiguitos.
.- Y el Sr. Major el que me arregló la bici, por eso he pensado llevarle los Muffins.
.- Eso me parece muy bien, Laura, hay que ser agradecidos.
Laura, metió en el cesto las dos bolsas de papel y comiéndose su ración, se dirigió a casa de los Major. Será un minuto - pensó - entraré por el garaje y los dejaré en la mesa de la cocina, así cuando se levanten para desayunar los verán en seguida.
Hoy no era un buen día para Madeleine Major,había dormido fatal. Desde el pasado viernes, tenía un agudo dolor de cabeza, apenas tenía apetito y aunque su esposo intentaba colaborar en las tareas de la casa y la cuidaba con mimo, ella no sabía bien quien era. No le reconocía . Se empeñaba en hablarle y demostrarle su afecto, pero para Madeleine, esta mañana, era un completo desconocido.
.- No te preocupes preciosa, pronto se te pasará el dolor de cabeza y volverás a estar perfectamente - le dijo Zacarías, mientras le dejaba la habitación en penumbra.
La noche anterior, se quedó hasta tarde, preparando una nueva dosis de suero, esta vez iba a funcionar perfectamente, y tenía suficiente para por lo menos un mes. Prefería quedarse trabajando en el cobertizo, aunque era mas arriesgado, pero no podía permitirse, otra llamada indiscreta que le delatase, cuando precisaba de total impunidad. Tendría que renunciar al placer que le proporcionaba, como espectador, el reconocimiento del trabajo bien hecho. La absoluta ignorancia de la policía y sus inútiles pesquisas.
Pero antes, tendría que volver a su refugio, borrar todo tipo de huellas y recoger cada una de las pertenencias que le implicasen en la autoría de los crímenes. Tendría que hacerlo hoy, mientras Madeleine se recuperaba y después, buscar con tiempo, otro lugar donde poder experimentar, disponía casi de cuatro semanas, para montar un nuevo laboratorio, mientras su mujer estuviese serena y capaz. Antes de comenzar de nuevo la captura.
Laura, aparcó la bici en la acera, junto a la bomba de agua. Empujó la puerta del cobertizo, que hacía las veces de garaje y dónde el Sr. Major, tenía su gran banco de trabajo y dedicó una mirada a contemplar lo que había a su alrededor. Un fabuloso Pontiac de 1926 de seis cilindros, ocupaba el centro de la habitación, Laura lo conocía bien, la Sra. Major lo había puesto de ejemplo, en una de sus clases. Pontiac, era el nombre de un jefe de los indios Sioux , que causó problemas a más de una división del ejército norteamericano, durante la conquista del Oeste.
El Sr. y la Sra. Major adoraban ese coche, lo habían conservado desde que se casaron y todos los años, en las fiestas del ayuntamiento, se paseaban orgullosos por el pueblo, montados en él, éste año, le habían prometido llevarla. Su curiosidad, estaba viéndose complacida. Había un bonito escritorio de madera torneada y una gran caja de tablas que parecía muy pesada, la pared del fondo estaba completamente cubierta de estanterías de roble. Había varias. No pudo reprimir un suspiro de admiración. A estas alturas ya se había olvidado de lo que le había traído hasta allí. A Laura le gustaba el orden y allí lo había por todas partes. Sus infantiles dedos, recorrieron las etiquetas que marcaban el contenido de los pequeños cajones. Reconoció la escritura elegante y puntiaguda de su profesora. En algunas de ellas, la caligrafía se había vuelto casi ilegible por el paso de los años, estuvo leyendo por encima y dando golpecitos en los marcos de latón, de repente una le llamó la atención más que las demás y deteniéndose, abrió el cajón.
Dentro estaban dispuestas en unas pequeñas cajitas de cristal, varios brotes de algo que parecían semillas, eran de color gris oscuro y estaban cerrados con tapones de goma . Cerró el cajón y abrió el de debajo, allí los botes contenían una pequeñas flores de color violeta, muy parecidas a las que tenía en su casa, en el arriate de debajo de su ventana.
Pensó que podría coger una de aquellas, y regalárselas a su mamá, seguro que al Sr. Major no le iba a importar, tenía muchísimas.
En ese instante,oyó como se cerraba una puerta, posiblemente la del vestíbulo, se dió la vuelta rápido con la cajita en la mano, para mostrársela a Zacarías, pero sin percatarse, que detrás de si, estaba la gran mesa de caoba, tropezó con una de sus esquinas y se golpeó contra la estantería , haciendo que se cayesen algunos de los muchos cuadernos, que estaban ordenados en su extremo superior, toda la habitación se convirtió en un instante, en un murmullo de carpetas y folios lloviendo sobre ella.
Zacarías se quedó paralizado. No podía ser. Había escuchado claramente un ruido. En el garaje no había nadie. ¿ Cerró bien la puerta anoche?. No recordaba haberlo hecho. Pero ¿quién podía estar allí dentro? . Bajo los escalones de dos en dos y se plantó delante del pasillo. Lo que vio le heló la sangre.
Laura tuvo el tiempo justo, para esconderse detrás de la enorme caja de tablas. Fue una reacción inconsciente, producida por el pánico. Pero su bici, estaba a la vista, apoyada en la bomba de incendios, si se asomaba, el Sr. Major, la reconocería al instante, y seguro que ahora, si se iba a enfadar.
Pasaron varios minutos sin que oyese nada más, que el palpitar de su corazón en su garganta y el de alguna gota del rocío de la mañana, al caer del tejado. Zacarías se paseaba por el garaje inspeccionando las esquinas y abriendo las portezuelas del automóvil y el maletero. Se aproximaba peligrosamente a la caja de madera. La iba a descubrir. Cogió una tablilla de la estantería que se había caído y la colocó encima, apartó la mano de la caja un instante, para poder acercarse al interruptor que encendía la luz, justamente en esa esquina. !Ya está ¡.- pensó Laura. Estoy perdida.
De pronto, dio un respingo, la sintonía de un móvil se escuchaba claramente, provenía de uno de los cajones de la mesa. El hombre, se dio la vuelta, abrió el cajón y se quedó pensativo, mientras el timbre se cortaba, al conectarse el contestador.
Que extraño - pensó la niña - quedarse mirando la llamada y no contestar. El hombre, pareció por el momento, olvidarse de lo que le había traído hasta el garaje, se dirigió a las puertas, las abrió de par en par, y dándose la vuelta, se montó en el coche para desaparecer a toda prisa por la calle.









dawn dijo
mil gracias por siguir ahí.
me mola la foto..je, je.
un beso, ya me falta menos.....
1 Febrero 2009 | 02:17 PM